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lunes, 26 de enero de 2009

Los 'nuevos esclavos' trabajan en la industria del etanol y la caña de azúcar

Las autoridades de Brasil rescataron en 2008 a 5.244 trabajadores que vivían en condiciones de esclavitud, la mitad de ellos explotados por la industria de la caña de azúcar y el etanol, según ha denunciado una organización de la Iglesia católica. Según datos de la Comisión Pastoral de la Tierra, del Episcopado brasileño, "desde 2007 la utilización de mano de obra análoga a la esclavitud ha crecido en ese sector a la misma velocidad que el interés del gobierno en ese cultivo".

El año pasado, "2.553 trabajadores, el 49% de los rescatados de la esclavitud, estaban en el sector del azúcar y el etanol", señaló la Comisión en un informe. El número total de rescatados en 2008 por el Ministerio de Trabajo y la Policía Federal fue el segundo más alto desde que en 2003 se creó un Grupo Móvil que combate esa práctica. En 2007 fueron liberadas 5.968 personas, según las estadísticas oficiales recopiladas por la Pastoral de la Tierra, cuyo trabajo en esta área ha sido reconocido por el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Explotación reconocida
Las autoridades brasileñas reconocen oficialmente la existencia de trabajo esclavo, caracterizado por explotación de mano de obra en condiciones precarias e inhumanas. Esos trabajadores son empleados a cambio de comida o de míseros salarios, a menudo en condiciones de confinamiento, y deben cumplir largas jornadas para pagar deudas por el transporte y la alimentación contraídas con los propios empleadores. La poderosa industria privada de la caña y el etanol niega que emplee este tipo de trabajadores.

En 2008 la actividad ganadera fue la segunda que más usó mano de obra esclava, con 1.026 rescatados, según los datos difundidos. El sacerdote Xavier Plassat, coordinador de la campaña contra el trabajo esclavo de la Pastoral de la Tierra, señaló que las áreas geográficas en que se concentran los cultivos de la caña de azúcar "aumentaron dramáticamente su participación" en el total de casos descubiertos por las autoridades.

"Con el discurso de aumento de la producción de biocombustibles o combustibles verdes, el gobierno brasileño ha desconsiderado el impacto y las consecuencias de la producción desenfrenada en busca de lucro", dijo Plassat. El etanol brasileño "carga un estigma de trabajo esclavo", afirmó. El gobierno de Lula es un entusiasta defensor de la caña y el etanol y esta misma semana aprobó un plan para expandir los cultivos de la gramínea en seis millones de toneladas en 2017, casi el doble de los siete millones de hectáreas de este año.

Fuente: EFE
Foto: José F. Ferrer

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